
La Lorena, de posguerra y del periodo posindustrial, con sus ciudades termales y sus canales, sus ciruelas “mirabelles” y sus bosques, sus cristalerías y Nancy, bien merece una estancia de varios días.
Se llaman Vittel o Contrexéville, Bains-les-Bains, Plombières o Amnéville. Estos balnearios, famosos por sus aguas, atraen a los pacientes y turistas que desean ponerse en forma o probar su suerte en el casino. El casino art-déco de Vittel, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es de visita obligada por su arquitectura.
Las aguas del Mosela, el Meurthe y el Meuse son menos minerales pero están preñadas de truchas, carpas y lucios. Al igual que los lagos de Madine, Pierre Percée y Gérardmer que se disfrutan tanto en verano para bañarse como en invierno para patinar sobre su superficie helada. La Lorena es el destino ideal para colmar su deseo de agua.
Los amantes del deporte blanco serán felices en el bosque vosgo por las pistas de esquí alpino —Gérardmer, Ventron, La Bresse —, los circuitos de esquí de fondo y las pistas de senderismo. En verano se puede pasear por los senderos, practicar la escalada o el descenso en trineo con ruedas en los tres parques naturales principales de la región: el parque regional de la Lorena y el parques Ballons des Vosges y Vosges du Nord.
Las secuelas de la guerra se hacen evidentes en las trincheras que no se olvidan. La historia les ha marcado el paso del tiempo, de manera que los lorenos han convertido a Verdún en un símbolo y en el punto del mortífero conflicto han erigido el Centro Mundial por la Paz, la Libertad y los Derechos del Hombre. Cerca de ahí Metz vive apacible al filo del agua, al abrigo de su catedral.
Más al sur, Pont-à-Mousson vela por la abadía de Prémontrés, Nancy nos abre su gran plaza Stanislas, Épinal desvela su imaginería popular, Baccarat deslumbra con sus cristalerías y Commercy nos regala los exquisitos sabores de sus magdalenas.
Durante aquel tiempo, las ciudadelas de Vauban, aún intactas, estaban preparadas para vigilar la frontera belga en Montmédy y la frontera alemana en Bitche, el paraíso de los amantes de los "juegos de rol".
En Lorena, la gastronomía se expresa en todo su esplendor: los pescados se cocinan con vino gris o cerveza, las carnes de caza se preparan al horno o en cazuela, las mirabelles doradas en tartas de hojaldre...
Y si la mesa esta vestida con un mantel de encaje de Mirecourt o con bordados de Lunéville, y una cristalería que suena a Daum, Baccarat o Saint-Louis, ¿cómo se puede resistir alguien a un blanco del Mosela, un gris de Toul o un chupito de aguardiente?
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